Un gobierno que sea tu apoyo: Jorge Villacaña
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Propuesta Oaxaca
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Por Jorge Villacaña / El Oaxaca que merecemos
Durante muchos años aprendimos que gobernar una ciudad exigía algo más que administrar recursos, cobrar impuestos o hacer obra pública. Exigía oficio, conocimiento y, sobre todo, entender que el gobierno debía ser aliado de la gente. Podía haber diferencias, errores y decisiones discutibles, pero había una idea elemental: la autoridad estaba para facilitar la vida de quien trabaja, produce, invierte y genera empleos, no para convertirse en otro problema que resolver.
Hoy vale la pena recuperar esa idea, porque Oaxaca necesita un gobierno que acompañe, que escuche y que dé certeza. Un gobierno cercano no es el que repite que está “en territorio”; es el que demuestra su cercanía cuando un comerciante necesita abrir un negocio, cuando una familia tiene que pagar sus contribuciones, cuando un emprendedor solicita una licencia o cuando alguien lleva años levantando la cortina de su local todos los días.
Quien tiene un negocio conoce perfectamente lo que cuesta mantenerlo abierto. Hay que pagar renta, luz, agua, salarios, proveedores, impuestos y permisos; competir, enfrentar temporadas malas y, además, lidiar con la inseguridad. Si a todo eso agregamos cargas desproporcionadas, trámites complicados o decisiones que cambian sin suficiente claridad, podemos llevar al límite a quienes precisamente necesitamos fortalecer. La inseguridad y una carga fiscal mal diseñada pueden convertirse en una combinación devastadora; sobre todo, para un pequeño negocio.
Por eso recaudar requiere experiencia y sensibilidad. El gobierno municipal necesita recursos y todos tenemos la responsabilidad de contribuir, pero cobrar no puede consistir simplemente en subir cantidades o crear nuevas cargas. Una buena administración busca ampliar su base de contribuyentes, facilitar el cumplimiento, combatir privilegios y corrupción, transparentar cada peso y conseguir algo fundamental; que el ciudadano confíe en que su contribución sirve para mejorar la ciudad.
Y esa confianza se construye con transparencia. Cuando las reglas son claras, cuando todos sabemos cuánto debemos pagar y por qué, cuando no existen intermediarios ni espacios para la discrecionalidad, se protege tanto al ciudadano como a la autoridad. La transparencia no debe verse como una obligación incómoda; es una de las mejores herramientas para cerrar la puerta a la corrupción.
Todo esto viene a cuento por lo que está ocurriendo en nuestros mercados. Hace unos días el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez aprobó un programa para actualizar y regularizar el padrón de los mercados públicos y la Central de Abasto, argumentando que existen décadas de rezago. Regularizar y poner orden puede ser necesario, dar certeza jurídica a quienes trabajan ahí también. El problema comienza si poner orden termina significando poner contra la pared a quienes llevan años ganándose honestamente la vida.
Nuestros mercados no son únicamente espacios administrados por el municipio. Son historias familiares. Detrás de muchos puestos hay padres que heredaron el oficio a sus hijos, mujeres que levantaron a una familia vendiendo todos los días, comerciantes que abren cuando muchos todavía estamos durmiendo y generaciones enteras que han construido ahí su patrimonio. Basta caminar por el mercado Benito Juárez, el 20 de Noviembre, La Merced, Sánchez Pascuas, La Noria o cualquiera de nuestros mercados para entenderlo.
Por eso cualquier proceso de regularización debe explicar con absoluta claridad qué se está regularizando, cuánto costará, cuál es el fundamento de cada cobro, qué derechos obtiene el locatario y durante cuánto tiempo. Si se habla de nuevas concesiones, refrendos o cantidades extraordinarias, la autoridad tiene la obligación de transparentarlo antes de exigir un solo peso. La certeza jurídica no puede construirse generando incertidumbre económica.
Tampoco debe creerse en concesiones que se conviertan de hecho en privilegios eternos ni en espacios públicos tratados como propiedad particular. Los mercados pertenecen a la ciudad y deben existir reglas. Pero esas reglas tienen que ser justas para todos y reconocer algo igualmente importante: detrás de cada concesión existe una persona que trabaja.
Quien gobierna debe encontrar ese equilibrio. No abandonar el orden, pero tampoco perder la sensibilidad; recaudar sin asfixiar; regular sin perseguir; poner reglas sin convertirlas en obstáculos. Eso requiere experiencia, conocimiento de la ciudad y algo que ninguna campaña en redes sociales puede sustituir, oficio para gobernar.
Oaxaca necesita recuperar la confianza entre ciudadanos y autoridad. Que quien quiera invertir encuentre facilidades dentro de la ley; que quien genere empleos tenga razones para seguir haciéndolo; que el comerciante encuentre respaldo y no amenazas, y que nuestros mercados sigan siendo lugares donde una familia pueda construir, con trabajo honesto su futuro.
Porque un buen gobierno no demuestra su fuerza complicándole la vida al ciudadano. La demuestra creando condiciones para que su gente pueda trabajar, crecer y prosperar. El gobierno debe ser aliado, respaldo y facilitador; nunca un obstáculo. Ese también es el Oaxaca que merecemos.
PROPUESTA OAXACA
'UN ÍCONO DE INFORMACIÓN'