LA CIUDAD QUE RECIBIMOS
by Written by
Propuesta Oaxaca
- Published in Contexto
- Read 99 times
- font size decrease font size increase font size
- Be the first to comment!
LA CIUDAD QUE RECIBIMOS
Jorge Villacaña
Hay conversaciones que empiezan hablando de cualquier cosa y terminan, inevitablemente, hablando de Oaxaca. Me ha ocurrido en las últimas semanas al encontrarme con ingenieros, arquitectos, abogados, comerciantes, religiosos, deportistas, músicos, artistas plásticos y personas que, desde actividades muy distintas, comparten algo que comienza a preocuparnos, la mayoría tarde o temprano, terminan diciendo lo mismo: “Oaxaca ya no es la ciudad en la que crecimos”.
No lo dicen desde la política, sino desde la memoria. Desde el recuerdo de la calle donde jugábamos, del mercado al que íbamos con nuestra madre, de los amigos del barrio, las calendas, las serenatas y aquellos domingos en los que caminar por el Centro era sentir que la ciudad también nos pertenecía.
Oaxaca nunca fue una ciudad sin problemas. Pero quienes hemos vivido aquí durante muchos años sabemos que algo cambió. No me refiero solamente a los baches, la basura, la falta de agua o el desorden. Hemos perdido algo más profundo, la tranquilidad con la que habitábamos nuestra propia ciudad.
Hoy muchas familias conocen el miedo de esperar una llamada cuando un hijo no ha regresado. Nos acostumbramos a enviar un mensaje para decir “ya llegué” y a que alguien, del otro lado, respire tranquilo, parece algo pequeño pero no lo es.
Una ciudad cambia de verdad cuando sus habitantes modifican su manera de vivir por miedo. Pero hay algo todavía más doloroso. Muchos padres ya no hablan de dejarles a sus hijos una ciudad mejor, sino de poder heredarles, por lo menos, el Oaxaca que nosotros recibimos.
Nuestros padres trabajaron pensando que viviríamos mejor. Ahora pareciera que ya no pedimos avanzar, sino dejar de retroceder; ya no soñamos con heredar algo mejor, sino con recuperar lo perdido. No debemos resignarnos. Ningún partido ni gobierno es propietario de Oaxaca. Los gobiernos pasan, pero la ciudad permanece.
Oaxaca es de todos, de quienes nacimos aquí y de quienes llegaron para construir su vida. Del comerciante que abre temprano, del maestro, del profesionista, del músico, del artista, del deportista y de quienes todos los días hacen funcionar esta hermosa ciudad.
También es de nuestros hijos. No podemos enseñarles que vivir con miedo es normal; que esconder el teléfono al caminar es normal; que una calle abandonada, una ciudad sucia o una autoridad distante son cosas a las que deben acostumbrarse.
Los oaxaqueños tenemos que dignificar las conciencias sociales para que las cosas cambien y volver a convencernos de que merecemos una ciudad segura, limpia, ordenada y amable. Conocer los problemas y tener la voluntad y la experiencia son el primer paso para solucionarlos. Quien desee gobernar Oaxaca requiere la participación de la sociedad; si lo que se quiere es recuperar la capacidad de encontrarnos, organizarnos y ayudarnos como comunidad.
Tampoco podemos acostumbrarnos a vivir entre rumores y sospechas que lastiman la confianza de la gente, ni permitir que se normalice la idea de que una autoridad pueda tener algún vínculo con grupos delincuenciales. El gobierno debe estar siempre del lado de los ciudadanos para protegerlos, ayudarlos y devolverles la tranquilidad de caminar por las calles de la ciudad que recibimos.
Necesitamos estar unidos. Esto debe ser una celebración. Vamos sin miedo, porque somos más los buenos que queremos una mejor ciudad. Somos más quienes trabajamos, cuidamos a nuestros hijos, respetamos al vecino, estudiamos, enseñamos, construimos, curamos, pintamos y cantamos. El miedo intenta hacernos creer que estamos solos; no lo estamos.
Algún día nuestros hijos recordarán la ciudad de su infancia. Para que el día de mañana no nos pregunten por qué vimos deteriorarse Oaxaca y nos acostumbramos a ello sin hacer nada para evitarlo. Quisiera decirles que hubo un momento en el que decidimos dejar de tener miedo; que volvimos a encontrarnos y comprendimos que nadie podía apropiarse de lo que pertenece a todos y que lo hicimos por ellos.
Nuestros padres nos entregaron una ciudad que pudimos caminar, querer y sentir nuestra. Ahora nos corresponde hacer lo mismo, pero no debemos heredarles solo el Oaxaca que recibimos. Dejémosles el Oaxaca que merecemos.
PROPUESTA OAXACA
'UN ÍCONO DE INFORMACIÓN'